martes, 20 de mayo de 2008

PRESENTACIÓN - Carlos Zúñiga Segura



Agua de Vida representa el dato, la vida la energía del dato, su disparo al corazón. En estos poemas que se amalgaman en La Manzana Mordida No. 63 consagrada al poeta Pedro López Ganvini, está el pulso de la vida, sus tinieblas e iluminaciones, el tiempo que registra nuestro itinerario o en el frágil navío de la existencia presurosa y anhelante.

Los florecimientos de Pedro López, trascienden signos y aromas vigorosos, su permanente asunción en torno a la dimensión del tiempo y la vida. Pedro López se consagra a la poesía como creador y artífice de eventos culturales en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, en esa vital consagración que implica un hacerse y deshacerse en las estancias culturales está la evidencia de una pasión, de la fe que enciende la sangre entre el encantamiento del sueño y la realidad real.

Carlos Zúñiga Segura
Director revista La Manzana mordida
Marbella, agosto 2005

LA EMOCIÓN PERFECCIONADA - César Toro Montalvo

Pedro López Ganvini es de esos poetas jóvenes del Perú que transitan por los terrenos de la novedad poética. A partir de este libro: desórdenes, el logro resulta beneficioso para el desarrollo de la joven poesía peruana actual. Pero para los lectores que no han conocido Paralelo 69, de López Ganvini, la factura de mostrar sus poesías en páginas de distintos colores y gramajes; nos indica que el poeta mantiene un gesto original de presentar sus poemas.

Desórdenes es un poemario en que la disposición de sus textos se presentan en “desórdenes” sin la particularidad consabida y tradicional. Todo lo contrario, los poemas (algunos llevan títulos, otros no) están allí en exhibición desordenada, pero recreadora o sugerentes. Muchos de ellos se presentan en forma geométrica: hacia abajo, hacia arriba, de costado (hacia abajo o de costado, cruzado), en letra ológrafa, o impreso en página negra (con tipos en blanco), en forma aérea, etc. Claro está, que sólo es lo correspondiente a la disposición de los textos. Algo de la poesía visual o espacial sugieren su disposición textual. desórdenes incursiona ya en la poesía visual.

El tema paradigmático de desórdenes es el erotismo del amor. La contemplación amorosa y el tránsito a sus sensaciones enriquecen los sentidos. De este modo, el poeta es un presente anunciador que postula versos de agitación amorosa. Habrá que señalar también, que el tema de la vida está presente. Para el caso se anuncia dramático, audible, en zozobra, olvido desesperado, latente; embebido de cerveza y sus consabidas pasiones.

López Ganvini, es asimismo un poeta andino, de cuyas vivencias se nutren y enriquecen. La soledad, la desesperanza, las mareas, el haylli, las canciones andinas, el sexo, la catarsis, las heridas, el recuerdo, la muerte, la locura, el desorden, el mañana, la existencia, el lustrabotas, el amigo, el dolor quebrado, el casado, etc., son los otros temas que entremezclados asumen polivalencias poéticas varias.

Se entiende al poeta desde la sinceridad de sus versos escritos en lenguaje directo, claro o diáfano. Pedro López Ganvini posee esas características. El desorden que aparentemente exhibe es similar al desorden que el universo nos presenta en estas emociones temáticas. Desde allí, la presencia del poeta es un creador omnisciente que lo sabe todo; sobre todo, el tema del amor, que resulta la emoción perfeccionada desde las aristas poliédricas en las que las presenta. Saludo con viva emoción la aparición de desórdenes, el libro de la madurez poética de Pedro López Ganvini.

César Toro Montalvo (2002)

SUTILEZAS DE LA PALABRA - Juan Rivera Saavedra

Tenemos suerte que el Perú, sea cuna de muchos poetas, seres que no han perdido la inocencia, la pureza, la terca persistencia por develar la vida en el transcurso de sus existencias. Así que somos un país de seres privilegiados.

La palabra en el poeta, no sólo informa, comunica, sino que expresa emociones, sensaciones, sentimientos, e ideas. Él, la transforma para darle otros significados; se vale de los sonidos que despliegan las palabras; altera el orden de las mismas en la construcción de sus versos; así como, la lógica cotidiana de las expresiones; todo esto para hacer brotar, emanar sutilezas de la palabra, para arrancar de ella otros sentidos, para restregar las palabras, sobre la hoja de papel y, descubrir nuevas facetas, aspectos distintos, nuevas vidas.

Hay poetas que nos hacen pensar, y otros, sentir. Pedro López Ganvini, pertenece —sin lugar a dudas— a este segundo grupo.

Pedro, se acerca —en este poemario—, a la sociedad a través de un tema: el sexo, que en gran parte de su obra se manifiesta en una relación violenta, dolorosa, que al finalizar se torna serena.
Este tercer libro de López Ganvini, no es su inicio en el largo camino de la poesía. Es, su tercer libro. Porque “caminante, no hay camino... se hace camino al andar”.

Juan Rivera Saavedra (2001)

MEMORIAS DE UNA RATA - Carlos Eduardo Zavaleta

Es un autor que en los últimos dos años ha publicado tres libros; y éste último, el de esta tarde, tiene un título valiente, provocador, que pocos se atreverían a pronunciar; se titula Memorias de una rata, pero narrado con tanta astucia, que detrás de ese título, quizá desagradable para algunos, él lo usa como señuelo, y fija mejor su tema con una cita de Nicolai Ostrovski, que es un elogio a la vida. O sea, pues, que esto que aparentemente va a ser algo como una provocación o una burla, tiene un cimiento ideológico, que está dado por Ostrovski en su libro Asi se templó el acero.

O sea, pues, estamos en un camino en que ni el bien ni el mal están todavía visibles, pero lo que ya de antemano él nos expresa es que ha tomado partido, a pesar de este título de la rata, que puede ser desagradable, a pesar de Memorias de una rata, a pesar de eso, está de lado del elogio de la vida y la dignidad y la limpieza, es una especie de advertencia para aquellos que la han corrompido o que pretenden corromperla.

¿Cuál podría ser esa enfermedad estúpida o esa casualidad trágica?
¿Acaso ver que algunos miembros de la sociedad se transforman en ratas, así como Kafka los transformó en escarabajos irrevocables?. Quizá este umbral es sólo un truco para asustarnos, más allá podemos incluso tocar algunas noches, el cielo y llegar hasta el centro del amor. En verdad oscilamos entre dos puntos y dos mundos, lo horrible y lo bello.

El primer mundo está descrito claramente:
«Reconocer ser una alimaña o una rata,
ofendiendo ese ser,
es justificar lo miserable que
conscientemente se es.
Pero es deliciosa la multiplicidad
de placer con ellas».

Hay un mundo nocturno, distinto, desordenado, que existe sobriamente dentro de nosotros, entonces ahí él da su oráculo del mal; las maldades tremendas, las escondidas, las verdaderas, las propuestas, soñadas o mentadas para mañana, pero desgraciadamente realizadas ayer.

De este oráculo del mal hay que acordamos cuando veamos este tipo de poemas, para damos cuenta de que éstos buscan justamente el centro de las cosas, centran el meollo, sientan aquello que es oscuro y es indivisible para los neófitos.

Y hay otro poema, diametralmente distinto, titulado simbólicamente Agua de vida; qué hermoso título:

«Me encanta recorrer tus curvas y tropezar.
Caer a tus abismos y en tus aguas
extasiarme de tus crestas y tus olas.
Tragar tus aguas y tus algas.
Besar la arena
y de placer ahogarme con tus delirios y tus sabias
envolviéndome por tus olas
hasta quedar desnudo a tus pies y
pegado a tu vientre lamiendo
agua salada»

Es hermoso el poema, el amor dentro de la memoria de una rata; es el mismo amor sublime que nosotros podemos soñar, o tal vez un día, por un minuto, gozar, ¿qué diferencia hay?. Allí en ese submundo también puede haber una aspiración profundamente humana.

Por este camino vanguardista, y tal vez con el ejemplo de César Moro, de Alberto Hidalgo o de Xavier Abril, Pedro nos lleva hasta su concepción de los límites inexpugnables de la vida, hasta el llamado pecado original. Y se atreve también a confesarse como un torturado por la vagina, suponiendo ser el único, cuando habernos muchos hombres y mujeres torturados por aquel símbolo enigmático e inicial.

Pero, poco a poco, debajo de este indicador y dominador de monstruos que es el poeta, ojalá éste venciera, dominara, porque estamos en una época en que parece que nadie domina a las ratas, y que cada día surgen más. Debajo de esos monstruos vivos el niño ingenuo, campesino, encuentra pleno de felicidad, un campo de cebada fresca, que le recuerda a su tierra natal, el Callejón de Huaylas, Caraz.

Y de ese concepto: paisaje, pintura de la cebada fresca, pasa como contrapunto a descifrar el turbio Rímac, otra confesión de que no le gusta mucho Lima, lo que ya se preveía en un provinciano. Cuando él quiere viajar así fuese en un ómnibus común y corriente, de esos que se caen cada noche por la carretera hacia Chimbote o al Callejón de Huaylas, el deseo no puede cumplirse, porque no tiene dinero suficiente para pagar el pasaje y así el poema se titula Nostalgia sin pasaje, es uno de los más hermosos que ha podido producir la pobreza en el Perú, cuando aquel que quiere regresar a su patria pequeña, a su terruño inolvidable, no puede porque le falta el dinero. Nostalgia sin pasaje, es en verdad un canto a la pobreza, pero también a las triquiñuelas y vivezas criollas de los choferes que no parten si no hay pasajeros suficientes. El poeta Pedro López, sin duda, el mismo estudiante y luego ciudadano, sintió ese dolor ante el ómnibus que no partía a su terruño:

«40 asientos libres
No es rentable, dicen,
Parece que no veré a la familia
este fin de semana
Espero me crean»

¿Por qué no vamos a creerle? Si hay tantos tropiezos actuales para el provinciano, y cuando por fin tenga suerte y llegue a su pueblo natal ¿qué ha de encontrar en esas poblaciones olvidadas, abandonadas, fantasmales, a las cuales todavía no llegan siquiera los siglos XIX y XX? y ¿qué le impresionará más de ese pequeño pueblo casi desierto? El poeta está aquí en su faceta romántica, alejado de la vanguardista, y las cosas se presentan más limpias, más cercanas al corazón.

En su faceta romántica nos describe El entierro en mi pueblo, de un libro anterior que también es muy hermoso llamado Paralelo 69, qué puede encontrar el provinciano que ha deseado tanto llegar a su tierra.

El no es un fatalista, como lo hemos dicho, él puede haber escarbado en el mundo nocturno de lo que llama ratas, pero él siempre ha sido un partidario de la vida, un partidario del amor; sobre todo de su terruño, al que regresa él.

En resumen, un libro, o mejor aún, un poeta interesantísimo, variado, atrevido, vanguardista por sus temas osados y su léxico sin barrera. Aunque también él sea nostálgico y romántico, todo a la vez, como debe serlo un hombre de corazón joven, abierto, valiente y en busca de la belleza. Pero también, y eso es muy importante, de la justicia, y sobre todo, de la justicia social en nuestro país.

Carlos Eduardo Zavaleta (2002)

REGUSTO POR LO ERÓTICO - Manuel Pantigoso Pecero

Periodista de profesión, se graduó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Como poeta ha publicado: Concierto de Romance (2000), Paralelo 69 (2001), Memorias de una rata (2001) y desórdenes (2002). Tiene a su cargo la revista mensual de poesía «El rincón del loco».

Con espontaneidad López Ganvini recrea pasajes poéticos con un marcado regusto por lo erótico y un especial afán desacralizador, como fuerzas liberadoras de la palabra. Identificado profundamente con su terruño (Caraz) nos ofrece, al lado, una lírica cosmopolita más afín con los centros hegemónicos, como puede observarse especialmente en desórdenes (2002) en donde la visualidad y el ludismo verbal refrescan una vanguardia que descubre a un atento lector próximo a esa modalidad poética. De esta manera aparecen en sus textos rupturas, contrastes, desarmonías formales que muestran su predisposición para poetizar alrededor de los opuestos: lo lejano y lo próximo, lo que se ve y lo que se imagina, lo real y lo irreal, lo que se va y se dice y lo que se queda y no se dice. Esta actitud dialéctica se relaciona con el mundo andino y con lo que se superpone a él: los elementos propios de la ciudad y de la civilización moderna. Dentro de su inclinación por la vanguardia ha de surgir lo oriundo, aquello pasible de ser visualizado en esa atmósfera proveniente de la naturaleza, de la quietud del campo, de los personajes sencillos y humanos. De allí que sus poemas tengan la impronta del huayno y de las canciones populares andinas («me acurruco entre versos/ y frazadas de tus besos/ intento morir en paz») en donde, además de los elementos citados, se filtra cierta nostalgia y una indudable intención social.

Manuel Pantigoso Pecero

SILUETAS DEL TIEMPO: La poesía en el departamento Ricardo González Vigil

Una tarea impostergable: recoger el fecundo acervo poético de cada departamento del Perú, explorando minuciosamente no sólo los libros y las plaquetas publicadas, sino los diarios y revistas. El exiguo tiraje de los impresos de poesía y la escasa distribución que logran fuera de su localidad conspiran para que se conozca adecuadamente su contribución a la literatura nacional.

De ahí la importancia de la obra que estamos presentando: Siluetas de tiempo, del destacado escritor caracino Pedro López Ganvini. A su sensibilidad de fino poeta, agrega su generosidad y su amplitud de criterio fuera de lo común mostradas a lo largo de su fructífera trayectoria cultural, ya sea conduciendo el programa radial —de comunión con la naturaleza— Ecoturismo (2000), ya sea dirigiendo la revista de poesía EL rincón del loco y la revista de folclor Sentimiento andino. Añade su tenacidad, su amor al terruño, su capacidad de trabajo, su firme deseo de cumplir una meta lo mejor posible, para comprender que resultaba la persona indicada para investigar, con amor y sapiencia, durante décadas, «La poesía en el departamento de Ancash», conforme señala el subtítulo de esta obra.

Antes que él, César Ángeles Caballero, Román Obregón Figueroa y Jesús Cabel, entre otros, amén del relevante volumen colectivo Ancash: historia y cultura (1989), habían dado a conocer el legado poético ancashino. López Ganvini toma la posta y enriquece el panorama con un impresionante caudal de más de 200 poetas correspondientes a las 20 provincias de Ancash, corpus que ocupará dos tomos. En el prólogo, explica su designio de brindar un «inventario», con todo tipo de poetas del departamento, desde el siglo XIX hasta el presente; la mayoría son voces olvidadas o desconocidas, no consideradas en las antologías regionales y, menos aún, nacionales.

López Ganvini confía que algunos de estos nombres obtendrán el reconocimiento de los «antologadores que reúnen poetas para antologías nacionales» (p. IX). En todo caso, anuncia que emprenderá, a continuación, «la elaboración de una Antología mayor de la poesía contemporánea del departamento de Ancash donde pueda seleccionar a un grupo representativo y cuya producción sea conocida y reconocida en el mundo literario nacional y latinoamericano» (p. XI).

En este primer tomo de su «inventario» (o «índice», conforme alguna vez Luis Alberto Sánchez tituló un muestrario de la poesía peruana contemporánea), López Ganvini considera 152 autores, correspondientes a cinco provincias. La mayoría de las composiciones ostentan las huellas de tres estilos o tendencias literarias: romanticismo, modernismo y nativismo indigenista. Los que poseen más rasgos personales y recursos expresivos, a nuestro juicio, son Jorge César Alvarado Gómez, Jorge Ita Gómez y Teófilo Villacorta Cahuide, en lo concerniente a la provincia de Aija; Livio Gómez (una voz muy consagrada) y Zósimo Flores Calderón, en la provincia de Bolognesi; Rosa Cerna Guardia (un nombre descollante), Octavio Hinostroza Figueroa (conocido por su seudónimo Gabriel Delande, padre del gran poeta Rodolfo Hinostroza), Marcos Yauri Montero (escritor laureado), Aurelio Arnao (más celebrado como narrador), Violeta Ardiles Poma, Néstor Espinoza y Macedonio Villarán, elenco sustancioso de la provincia de Huaraz; Teófilo Maguiña Cueva, en la provincia de Huari; y Óscar Colchado Lucio (narrador y poeta sobresaliente), César Ángeles Caballero (poeta y crítico de renombre), Román Obregón Figueroa, Luis Espinoza Alcedo, Néstor Rivero Támara y el propio Pedro López Ganvini, en la provincia de Huaylas (Caraz).

Ricardo González Vigil (2004)